Con más de 200 kilómetros de costa desde la frontera con Francia hasta la desembocadura del Tordera cerca de Barcelona, el litoral de la conocida Costa Brava agrupa a su vez una retahíla de medievales pueblos de interior, bucólicos paisajes, restaurantes de bandera y hoteles con encanto.

Nada como el otoño para realizar pequeñas escapadas a lugares sencillamente bonitos. La marea de turistas baja durante unos meses y es el momento ideal para descubrir, por ejemplo, la comarca del Bajo Ampurdán –o Baix Empordà-, y recorrer pueblos como Pals o Peratallada. Por el camino, y seducidos por el más completo concepto de relajación, nos alojamos en Mas de Torrent, una masía del siglo XVIII que encierra entre sus gruesos y restaurados muros de piedra un hotel de lujo 5*, pero sobre todo, un lugar donde desconectar del mundo real y dejarse mimar. El lujo sin ostentaciones –tan típicamente catalán-, donde lo mejor de todo no se ve, se siente. Como complemento, las delicadas manos de su chef, Jordi Garrido, en el restaurante Torrent, el romántico restaurante de Mas De Torrent, donde disfrutar de la buena cocina ampurdanesa basada en el producto autóctono, como las anchoas de L’Escala o las gambas de Palamós, acompañado, claro, de vinos con DO Empordà, una de las denominaciones más punteras del panorama actual.

Plato

Delicias gastronómicas del restaurante  Mas de Torrent

A pocos kilómetros de nuestro lujoso hotel del Ampurdán encontramos una de las villas medievales más bonitas de la zona, Pals. Sus empinadas cuestas y sus fachadas de piedra son algunos de los principales atractivos de este pueblo, sumado a las preciosas vistas del campo ampurdanés que se alargan hasta las características islas Medas y que podrás divisar desde la Torre de las Horas, la única estructura que se mantiene en pie del extinto castillo del pueblo. Pals es ideal para pasear, con un zapato cómodo eso sí, y para realizar algunas compras en cualquiera de los anticuarios que salpican sus empedradas calles donde la mayoría conducen, hoy no a Roma, sino a la iglesia de Sant Pere, la verdadera protagonista de la villa.

Otra vez en la carretera, esta vez ponemos rumbo a Peratallada, no sin antes advertir que casi vale la pena el desvío hasta Palamós si hacemos parada en La Gamba, un tradicional restaurante con vistas al mar donde no sé si se comen las mejores gambas de Palamós, pero sí las más ricas que yo he probado.

Palamós

Playa de Palamós

Peratallada

Rincones del pueblo medieval de Peratallada

Ahora sí, con el estómago en orden, el medieval pueblo de Peratallada nos espera. Declarado conjunto histórico-artístico por ser uno de los núcleos de arquitectura medieval más importantes y mejor conservados de Cataluña, mi consejo es pasear y perderse por sus estrechas y sinuosas calles. A los pies del macizo de las Gavarras, Peratallada tiene un rico patrimonio arquitectónico medieval, sobre todo civil, fruto de la innegable herencia feudal. Uno de los mejores ejemplos lo encontrarás en el perfectamente bien conservado porche medieval de la Plaza Mayor.

Todo un romántico viaje al pasado a poco más de una hora de Barcelona.

Texto y fotos: Lorena G. Díaz

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